El enfoque de desarrollo de software conocido como "modelo de cascada", ideado por Winston Royce en 1970, se compone de cinco etapas secuenciales y no superpuestas que guían el proceso de creación de software. Cada fase debe completarse antes de avanzar a la siguiente. Esta estructura rígida y secuencial le otorga su nombre "cascada", ya que las etapas descienden como una cascada.
La primera fase, el análisis de requisitos y especificaciones, involucra la colaboración entre el cliente y el desarrollador para comprender y documentar de manera precisa los requerimientos del software. Estos requisitos se plasman en un documento detallado llamado Especificación de Requisitos de Software (SRS).
La segunda etapa, el diseño, tiene como finalidad transformar los requisitos del SRS en una estructura que permita la codificación. Aquí se define la arquitectura general y detallada del software, y toda esta información se documenta en el Diseño de Software (SDD).
En la fase de implementación y pruebas unitarias, se realiza la codificación basada en el diseño previo. Luego, se someten los módulos individuales a pruebas exhaustivas, primero de manera aislada y después en conjunto para evaluar la interacción entre ellos.
La integración y prueba del sistema se consideran etapas cruciales, ya que la calidad final del producto se basa en la efectividad de las pruebas realizadas. Aquí se prueban los módulos en su conjunto, evaluando su funcionamiento en relación con el sistema completo y su interacción entre sí. La última fase, la operación y mantenimiento, se lleva a cabo una vez que el software está entregado, instalado y en uso. Esta etapa incluye el mantenimiento regular del software para mantener su funcionamiento y eficacia.
El modelo de cascada es más adecuado en situaciones donde los requisitos son estables, el proyecto es corto, el ambiente es tranquilo, las herramientas y tecnologías son constantes, y los recursos están disponibles.
Las ventajas del modelo de cascada incluyen su sencillez de implementación y el bajo número de recursos requeridos. Además, los requisitos se declaran claramente y permanecen constantes, lo que facilita el progreso del proyecto. También es posible determinar la fecha de lanzamiento y el costo final del producto antes de iniciar el desarrollo, lo que brinda control y claridad al cliente.
Sin embargo, este modelo presenta desventajas. El riesgo es alto, lo que lo hace menos adecuado para proyectos complejos. Los cambios en los requisitos no son fáciles de incorporar una vez que el desarrollo ha comenzado. Volver a etapas anteriores es difícil, y las pruebas tardías dificultan la identificación temprana de desafíos y riesgos, complicando la planificación de estrategias de mitigación de riesgos.

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